¿QUIÉN ES EL HOMBRE DE ROMANOS 7?

 

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Uno de los pasajes más controversiales que el apóstol Pablo escribió en sus cartas lo encontramos en Romanos 7:14-25.

La interpretación de estos versículos ha sido un punto de discusión desde hace más de 1,500 años en el cristianismo y ha generado todo tipo de interpretaciones y debates.

Debemos admitir que Pablo escribió muchos asuntos complejos en sus epístolas (2 Pedro 3:15,16) y el hombre de Romanos 7 es un pasaje que encaja perfectamente en esa categoría. Antes de estudiar Romanos 7:14-25 es imprescindible que leamos detenidamente el pasaje en cuestión:

“Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.” (Romanos 7:14-25).

Hay dos preguntas importantes que debemos responder para poder comprender la experiencia que Pablo está relatando acá en este pasaje:

(1) ¿Quién es el hombre de Romanos 7:14-25? ¿Es una autobiografía lo que el apóstol está relatando o es la experiencia de otra persona?

(2) ¿En qué tiempo ocurrió la experiencia que Pablo está describiendo? ¿El apóstol está hablando antes o después de la conversión?

¿ROMANOS 7:14-25 ES UNA AUTOBIOGRAFÍA?

Pablo escribe el pasaje en primera persona, por tanto podemos afirmar que no está describiendo la experiencia de otro individuo, sino la suya. Los pronombres personales y los verbos conjugados en primera persona que aparecen en Romanos 7:14-25 son una evidencia gramatical inequívoca que Pablo está hablando de sí mismo. Expresiones como las siguientes: “yo soy carnal” (v.14), “ya no soy yo” (v.17), “yo sé que en mí” (v.18) indican que el apóstol está relatando su autobiografía.

¿ROMANOS 7:14-25 ES UN RELATO ANTES O DESPUÉS DE LA CONVERSIÓN DE PABLO?

Antes de contestar esta pregunta es necesario mencionar que durante muchos siglos la postura que Romanos 7:14-25 es el reflejo de la vida de Pablo antes de su conversión se mantuvo sólida e inalterablemente establecida por los padres de la iglesia primitiva durante casi 500 años. Agustín de Hipona fue el primero en afirmar que la persona de la que Pablo hablaba en Romanos 7 tenía que ser convertida, sus razones fueron:

(1) Se reconocía pecadora (v.14), (2) Se deleitaba en la ley de Dios (v.22) y (3) Clamaba por liberación (v.24). Desde entonces millares de protestantes han usado Romanos 7:14-25 como una “defensa bíblica” para sostener el derecho de ser salvos en sus pecados. Agustín llegó a la conclusión que el hombre convertido, el cual él creía que estaba predestinado por Dios a la vida eterna, continuaría pecando a lo largo de toda su vida, sin poder obtener victoria sobre las obras de la carne. Lastimosamente este concepto está tomando mayor auge en la teología adventista y curiosamente es apoyado por aquellos que cuestionan que la última generación de justos alcanzará la perfección del carácter antes del cierre de gracia. Es por ello que en esta ocasión quiero exponer 4 evidencias contundentes que demuestran que Romanos 7:14-25 describe la experiencia de Pablo antes de su conversión al cristianismo:

EVIDENCIA #1: EL CONTEXTO INMEDIATO

El contexto inmediato (Romanos 6 y 8) muestra que Romanos 7:14-25 es una descripción dramática de la vida pasada de Pablo usando un presente histórico, figura literaria que consiste en el uso trasladado del tiempo presente con relación a eventos pasados. En Romanos 6 y 8 el apóstol describe el ideal de vida espiritual que cada creyente debería tener, un ideal que es completamente antagónico a la situación descrita en Romanos 7:14-25. Es probable que Pablo haya utilizado este tipo de retórica para generar mayor impresión en sus lectores y así identificarse con ellos. Nótese las diferencias que existen entre un hombre inconverso (Romanos 7:14-25) y un hombre justificado (Romanos 6 y 8):

(1) El hombre inconverso es carnal (Romanos 7:14). Pero el hombre justificado es espiritual (Romanos 8:4).

(2) El hombre inconverso es cautivo del pecado (Romanos 7:23). Pero el hombre justificado es libre del dominio del pecado (Romanos 6:18).

(3) El hombre inconverso vive angustiado y es reo de muerte (Romanos 7:24). Pero el hombre justificado tiene paz y vida eterna (Romanos 8:6; 6:22).

(4) Nada bueno mora en el hombre inconverso (Romanos 7:18). Mientras que en el hombre justificado mora Cristo (Romanos 8:10,11).

Otra evidencia es el paralelismo que encontramos entre Romanos 7:7-13, que para todos los eruditos bíblicos describe la vida pasada de Pablo, y Romanos 7:14-25.

Obsérvese la equivalencia que existe entre “produjo en mí la muerte” (v. 13) con “este cuerpo de muerte” (v. 24). La relación entre estas dos frases arguye una conexión lógica entre ambas secciones de Romanos 7. Otra conexión lógica es “la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (v. 12) con “estoy de acuerdo con la ley, que es buena” (v. 16). Estas conexiones muestran que Romanos 7:7-13 y Romanos 7:14-25 y tratan de asuntos relacionados con la vida pasada del apóstol Pablo.

Un punto que no podemos pasar por alto dentro de la evidencia contextual es lo que Pablo escribe en Romanos 8:1, el pasaje que está inmediatamente después de Romanos 7:14-25: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Romanos 8:1). Según el Comentario Bíblico Adventista: “Estas palabras introductorias indican la estrecha relación entre los capítulos 7 y 8. El capítulo 8 es una ampliación de la exclamación de agradecimiento de Pablo: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (cap. 7: 25). Ahora continúa, dejando de lado su análisis de la penosa lucha con el pecado, para explicar la vida de paz y libertad que se ofrece a los que viven “en Cristo Jesús”.” (Comentario Bíblico Adventista, Tomo 6, Pág. 556).

Es claro que para los comentaristas el “análisis de la penosa lucha con el pecado” que Pablo hace en Romanos 7 está relacionado con su vida pasada no con “la vida de paz y libertad que se ofrece a los que viven en Cristo Jesús”.

EVIDENCIA #2: EL HOMBRE DE ROMANOS 7:14-25 ES ESCLAVO DEL PECADO

El hombre de Romanos 7 es “carnal” y está “vendido al pecado” (“v.14). Estas dos expresiones indican que el hombre de Romanos 7 es esclavo del pecado. Analicemos a continuación el significado de las expresiones “yo soy carnal” y “vendido al pecado” ¿Qué significa cada una de ellas? ¿Puede un cristiano ser “carnal” y estar “vendido al pecado”?

“YO SOY CARNAL”

El apóstol Pablo en relación a la conversión reconoce en sus epístolas a tres tipos de personas:

(1) El hombre natural: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1 Corintios 2:14). El hombre natural es aquel que no conoce de Cristo, no ha nacido de nuevo y por lo tanto no puede comprender las buenas nuevas de salvación. Tiene una “mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Romanos 1:28). Su intelecto y sus emociones lo gobiernan. No puede entender los asuntos espirituales porque no ha sido regenerado.

(2) El hombre carnal: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo… porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:1,3). El hombre carnal representa a aquellos que conocen de Dios, inclusive pudieron haber tenido un encuentro con Él, sin embargo no han experimentado la verdadera conversión y por lo tanto aún no han nacido de nuevo, luchan por sí mismos para alcanzar la justicia y la perfección, pero son presos de las obras de la carne (Gálatas 5:19-21). Hay dos tipos de hombres carnales:

(a) Los “cristianos” no convertidos o inmaduros (a los cuales Pablo, según 1 Corintios 3:1 y 3, llama “carnales”)

(b) Los judíos no cristianos, tal como fue el caso de Nicodemo (Juan 3:4-6) y Pablo (Filipenses 3:4-6). Al leer los pasajes referidos de este inciso se podrá notar que el término “carne” se usa para describir la condición de ambos personajes.

Por lo tanto, podemos afirmar que el apóstol Pablo al adjudicarse el adjetivo “carnal” en Romanos 7:14 está haciendo referencia a su vida pasada como un practicante de la religión judía que no había experimentado un encuentro genuino y tangible con Cristo.

Es menester que en esta sección contestemos la siguiente pregunta ¿Puede un hombre carnal agradar a Dios? Las Escrituras nos dicen: “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.” (Romanos 8:7,8). La respuesta es no. Si el hombre carnal no puede agradar a Dios, esto significa que no tiene fe porque “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Por tanto el hombre carnal no ha sido justificado.

(3) El hombre espiritual: “En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.” (1 Corintios 2:15). El hombre espiritual representa a aquellas personas que ya han experimentado una verdadera conversión y producen el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22,23). Un hombre espiritual ha “crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” (Gálatas 5:24), esto significa que puede alcanzar la victoria sobre el pecado mediante el poder del Espíritu Santo.

“VENDIDO AL PECADO”

Esta expresión tiene su origen en el Antiguo Testamento, y cada vez que es utilizada se refiere a pecadores perdidos. Nunca es usada para describir a una persona salva. Veamos el siguiente ejemplo:

“Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová.” (1 Reyes 21:20).

Fue con el conocimiento de fondo de pasajes como este que Pablo escribió Romanos 7:14-25. A diferencia del hombre carnal el hombre espiritual no puede seguir siendo esclavo del pecado aún después de su conversión: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8:2). El hombre espiritual tendrá luchas con el pecado pero no será esclavo de él.

EVIDENCIA #3: EL HOMBRE DE ROMANOS 7:14-25 NO TIENE PAZ

El hombre de Romanos 7:14-25 no tiene paz, se describe a sí mismo como un miserable que vive sujeto al dominio del pecado. La Biblia nos dice que la paz es el resultado inmediato de la justificación (Romanos 5:1). Por lo tanto, podemos aseverar debido a la ausencia de paz interior que Pablo está describiendo su condición antes de ser justificado por la fe de Cristo.

EVIDENCIA #4: APLICACIÓN EXÉGETICA DE ELENA DE WHITE A ROMANOS 7:14-25

Elena de White hace una aplicación exegética en sus escritos de Romanos 7:14-25 interpretando la experiencia allí descrita como la situación del apóstol Pablo antes de su conversión, notemos la siguientes citas:

“El apóstol Pablo veía todo esto cuando exclamó: “Consiento en que la ley es buena,” “la ley es santa, y el mandamiento, santo y justo y bueno;” mas, en la amargura de su alma agonizante y desesperada, añadió: “Soy carnal, vendido bajo el poder del pecado.” Ansiaba la pureza, la justicia que no podía alcanzar por sí mismo, y dijo: “¡Oh hombre infeliz que soy! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?” La misma exclamación ha subido en todas partes y en todo tiempo, de corazones cargados. Para todos ellos hay una sola contestación: “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”” (Camino a Cristo, Pág. 19).

“¡Oh, cuántos se lisonjean de que tienen bondad y justicia, cuando la verdadera luz de Dios revela que durante toda su vida han vivido solamente para agradarse a sí mismos! Toda su conducta es aborrecida de Dios. ¡Cuántos viven sin ley! En sus densas tinieblas, se consideran con complacencia; pero sea la ley de Dios revelada a sus conciencias, como lo fué a la de Pablo, y verán que están vendidos al pecado, y deben morir al ánimo carnal. El yo debe morir.” (Joyas de los Testimonios, Tomo 1, Pág. 403).

OBJECIONES Y RESPUESTAS SOBRE ROMANOS 7:14-25

(1) Muchos comentaristas argumentan ¿Cómo es posible que un inconverso pueda decir: “según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (v.22)?

(a) La palabra “interior,” en el original griego es “éso” y se refiere a la mente o el entendimiento, no al “nuevo hombre” o la “nueva criatura”, esto puede determinarse comparando Romanos 7:22 con Romanos 7:25. De igual forma al extrapolar 2 Corintios 4:16 con Efesios 4:23 podemos llegar a esa misma conclusión, que el “hombre interior” es una expresión sinónima de la “mente”.

(b) En cuanto a Pablo “deleitándose” en la ley de Dios debemos recordar que en Romanos 10:2 el apóstol dice que los judíos “tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.”.

Además de eso él mismo escribió que se consideraba irreprensible “en cuanto a la justicia que es en la ley” (Filipenses 3:6). Esto indica que los judíos que no habían tenido un encuentro con Cristo se deleitaban en la ley de Dios, en lo que respecta al conocimiento y observancia legalista de esta.

(2) Otros apelan que la expresión “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” (Romanos 7:25) indica que Pablo ya conocía a Cristo cuando escribió Romanos 7:14-25.

Notemos lo que el Comentario Bíblico Adventista menciona en relación a este punto: “Algunos se han preguntado por qué Pablo, después de llegar a un glorioso clímax en la expresión “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”, se refiere una vez más a las luchas del alma de las que evidentemente ya se había liberado. Algunos entienden la expresión de agradecimiento como una exclamación parentética. Creen que tal exclamación sigue en forma natural al clamor “¿Quién me librará?” Sostienen que Pablo, antes de proseguir tratando extensamente la gloriosa liberación (cap. 8), resume lo que ha dicho en los versículos precedentes y confiesa una vez más su conflicto contra las fuerzas del pecado.” (Comentario Bíblico Adventista, Tomo 6, Pág. 554).

CONCLUSIÓN

Interpretar Romanos 7:14-25 es una tarea difícil pero no imposible. Elena de White escribió: “La Biblia es su propio intérprete. Debe compararse texto con texto. El estudiante debería aprender a considerar la Biblia como un todo y a ver la relación que existe entre sus partes.” (La Educación, Pág. 190). Romanos 7:14-25 no es el reflejo de la vida cristiana, la cual Pablo en innumerables ocasiones la describe como una vida de victoria en Cristo. Romanos 7:14-25 ilustra el poder que Dios tiene para sacar a un persona del calabozo del libertinaje o legalismo y llevarla a la cima de la gracia. Alabado sea el Señor porque el evangelio “es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).

Autor: Oscar Pacheco

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