Jesús y el Sábado

Jesús y el Sábado

El tema del día de reposo es uno de los más debatidos entre los profesos cristianos. Un grupo dice que es el sábado, otros abogan por el domingo, hay quienes dicen que ya no tenemos que guardar ningún día. Ante todas estas opiniones, alguna vez te has preguntado: ¿Qué día de reposo guardó Jesús? A fin de cuentas si somos seguidores de Cristo lo más adecuado es que tomemos en cuenta el ejemplo que él nos dejó mientras vivió en nuestro planeta, ¿no te parece?

La Biblia presenta varios ejemplos que ponen de manifiesto la relación de Jesús con el día de reposo. Él, dándonos ejemplo para que sigamos sus pisadas (Juan 13: 15; 1 Pedo 2: 21), dedicaba el día de reposo a:

  • Ir a la sinagoga (Lucas 6: 6),
  • Leer las Escrituras (Lucas 4: 16),
  • Enseñar (Marcos 1: 21),
  • Curar a los enfermos (Lucas 13: 10-17)
  • Y hacer obras de bien (Mate o 12: 12).

Los judíos querían matarlo simplemente por­ que hacía «tales cosas en sábado» (luan 5: 16). Ellos no comprendieron que, en realidad, Jesús ‘es «quien decide qué puede hacerse y qué no puede hacerse en el día de descanso» (Marcos 2: 28, TLA). Lo que el Salvador hace durante su ministerio es devolver la santidad y la bendición que él mismo le había dado al sábado en la creación (Génesis 2: 3) y de lo que la seudorreligión de «los maestros de la ley» lo habían despojado.

Según Cristo «el sábado se hizo para bien de los seres humanos» (Marcos 2: 27, TLA). ¿Captas lo que Jesús dice en este pasaje? Él no dice que el sábado es para beneficio de los judíos, sino de to­ dos los seres humanos. ¿Sabes por qué? Porque cuan­ do el sábado fue creado no existía ni un solo judío. Adán y Eva fueron los que inauguraron el día de reposo. Si Dios creó el sábado para nuestro bien, lo mejor que podemos hacer es disfrutar de este maravillo don divino. Durante su vida Jesús puso de manifiesto que el sábado era una «delicia», algo «honorable», un día en el cual experimentamos «gozo en el Señor» (Isaías 58: 13, 14, NVI) y servimos a los demás. Su manera de guardar el sábado era una evidencia práctica de cómo la misericordia está por encima de las opiniones religiosas (Mateo 12: 7).

Jesús realizó muchos milagros en sábado: liberó a un endemoniado (Lucas 4: 31-37), curó la suegra de Pedro (Lucas. 4: 38, 39); sanó la mano de un hombre (Lucas 6: 5-11), a una mujer encorvada (Lucas 13: 10-17), a un paralítico (Juan 5: 1-9). Jesús dedicó el sábado a hacerles bien a los demás, a predicar el mensaje de salvación y para asistir a la sinagoga.

¿Violó Jesús el sábado?

Ahora bien, en los Evangelios encontramos varios relatos en los que se acusa a Jesús y a sus discípulos de no respetar el cuarto mandamiento de la ley de Dios (Mateo 12: 2; Luc. 6: 6-19; 13: 14, 15; Juan 5: 10-16). «Los judíos perseguían a Jesús e intentaban matarlo» porque realizaba milagros durante las horas sagradas del sábado (Juan 5: 16, RV9S). Hasta se llegó a decir que Cristo no era un hombre «de Dios, porque no respetaba] el sábado» (Juan 9: 16, DHH). Basándose en es­ tos incidentes algunos profesos seguidores de Cris­ to han querido justificar su negativa a observar el sábado del cuarto mandamiento. Su razonamiento es que si Jesús no guardó día de reposo pues tampoco hemos de hacerlo sus seguidores.

No hemos de pasar por alto que Jesús fue quien creó el sábado en el Edén (Génesis 2: 1-3) y escribió el mandamiento del sábado en las tablas de la ley en el Sinaí (Éxodo 20: 8-11). Por ende, el Señor mismo estaba comprometido con la obediencia a la ley (Isaías 42: 21), incluyendo el cuarto mandamiento. La Biblia dice que a Jesús «no le quitaban la vista de encima» (Marcos 3: 2) a fin de hallarlo culpable de violar el sábado. Fíjese en algunas de las acusaciones que se hicieron contra Cristo y sus discípulos sobre la violación del día de reposo:

  • Recoger espigas (Mate o 12: 1,2)
  • Sanar a los enfermos (Mate o 12: 10-14),
  • Permitir que alguien cargara su camilla después de haber sido sanado (juan 5: 8-16),
  • Hacer lodo para sanar a un ciego (luan 9:14-16).

Si te fijas bien no hay un solo pasaje bíblico que valide estas acusaciones. En realidad, este tipo de normas forma parte de una serie de tradiciones orales que los judíos habían agregado al manda­ miento del sábado. Basta leer el tratado sobre el sábado de la Misná para descubrir la gran cantidad de cosas que según los maestros judíos no podían hacerse durante las horas del sábado. Mu­ chas de las acusaciones que se esgrimieron contra Cristo forman parte de dicho tratado. El problema, pues, es que Jesús rechazó el sábado de la tradición rabínica, el sábado deformado por criterios humanos, pero no transgredió el sábado del cuarto mandamiento, sino el que habían creado los «expertos de la ley» (Lucas 11: 45, NVI).

El Catecismo de la Iglesia Católica aunque trata de justificar la observancia del domingo por en­ cima de lo dicho en la Palabra de Dios, afirma:
«El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día, sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Marcos 2: 27). Con compasión, Cristo proclama que “es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruiría» (Marcos 3: 4). El sábado es el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios» (§ 2173).

Amar a Jesús

El Talmud, una obra que agrupa las enseñanzas de los rabinos sobre las leyes, tradiciones y costumbres del pueblo judío, dice que en cierta ocasión el César le preguntó al rabí Joshua ben Hananiah:

  • ¿Por qué la comida del sábado es tan rica?
  • Porque tiene un ingrediente especial llamado «sábado», que hace que esta sea más rica.
  • ¿Y podrías darme un poco de ese ingrediente?, preguntó el emperador.
  • No. Porque ese ingrediente solo es efectivo si uno obedece el cuarto mandamiento. Los que no guardan el sábado no podrán saborearlo.

¿Por qué se te hace tan difícil obedecer el cuarto mandamiento? Quizá porque estás tratando de guardarlo sin agregarle el único ingrediente que le pue­ de proporcionar gozo, tranquilidad y descanso al sábado: Amar a Cristo. El Salvador declaró: «Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos» (luan 14: 16) y el sábado es uno de ellos. Por amor a ti Jesús te dio el sábado; por amor a él ahora tú de­ bes guardarlo. Si por amor a tu Señor consideras el sábado como una «”delicia», y al día santo del Señor, “honorable»; si te abstienes de profanarlo, y lo honras no haciendo negocios ni profiriendo palabras inútiles, entonces hallarás tu gozo en el Señor» (Isaías 58: 13).

Jesús  y el sábado
J. Vladimir Polanco

 

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