¿Por qué guardas el Sábado?

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¿Por qué guardas el Sábado? (CARLOS A. STEGER)

Si alguien le pregunta a un adventista promedio por qué guarda el sábado, seguramente respondería sin vacilar que lo hace porque la Ley de Dios lo ordena en el cuarto mandamiento. Explicaría, además, que los Diez Mandamientos están plenamente vigentes, dado que Cristo no vino para abrogar la Ley, sino para cumplida (Mat. 5: 17). La fe en Cristo no invalida la Ley, sino que la confirma (Rom. 3:31). Sin desconocer la indiscutible validez e importancia de esta respuesta (que podría ser desarrollada mucho más extensamente), la pregunta puede ir más allá, buscando la motivación que sustenta la observancia del sábado.

¿Qué te impulsa a guardar e! sábado?

Se han dado al menos tres respuestas, no siempre verbalizadas, pero sí visibles por sus consecuencias prácticas.

Quiero ser salvo. Es una buena respuesta, pero insuficiente. Corre el riesgo de concentrarse en la Ley, olvidando que el propósito de esta es guiarnos a su Autor. Quien guarda el sábado porque quiere ser salvo, difícilmente podrá evitar el legalismo; es decir, observado para tener derecho a la salvación. Su atención se enfocará en lo que debe hacer, y especialmente en lo que no debe hacer, para ganar la salvación. En la práctica, esta motivación lleva a una observancia formal y estricta del sábado, que llega a ser una carga que hay que soportar, casi un castigo. En la iglesia, esta actitud podría verse reflejada en aquellos que asisten al culto, pero no se abren al calor del amor cristiano con los demás hermanos, ni prestan atención a las visitas. Están enfrascados en el cumplimiento de las reglas que les garanticen una fiel observancia del sábado. Posiblemente, en la despedida del sábado se encuentren tan insatisfechos espiritualmente como el día anterior.

Quiero las bendiciones del sábado Otra vez, una buena respuesta, pero incompleta. Como la observancia rigurosa que resulta del legalismo es difícil de sobrellevar, hay quienes han buscado la solución enfatizando que el sábado fue hecho por causa del hombre, y no e! hombre por causa de! sábado (Mar. 2:27). Por lo tanto, e! sábado debe estar al servicio del ser humano y su felicidad. Desde este punto de vista, la observancia formal del sábado no es tan importante como los beneficios que el sábado debe dejar a quien lo guarde. En la práctica, esta motivación lleva a una observancia más bien egoísta del sábado, en la que se busca la comodidad y el placer. Por temor al legalismo, sel corre el peligro de tomar a la ligera el cuarto mandamiento. Lamentablemente, quienes guardan el sábado de esta manera, posiblemente disfrutan de las bendiciones del descanso físico y mental que lo acompañan, pero reciben una escasa bendición espiritual.
Amo a mi Señor [Juan 14:15; 1Juan 5:2]

Esta es la motivación correcta para la observancia del sábado. Cuando se la adopta, trae junto con ella los beneficios que buscan las dos motivaciones anteriores.

[1] Nace de un corazón que ha experimentado el amor perdonador y transformador de Dios.
[2] Como consecuencia, la persona ama a Dios y desea agradarle. Quien ha nacido de nuevo no guarda el sábado para recibir la salvación, sino porque ya la ha recibido por la fe. En la práctica, esta motivación lleva a una observancia muy cuidadosa del sábado, pero al mismo tiempo plenamente feliz. El centro de su atención no es establecer lo que se debe y lo que no se debe hacer durante el sábado. Tampoco es encontrar cómo pasarlo bien y divertido.
[3] Su principal interés es crecer en amistad con el Señor, conocerlo por medio de los escritos inspirados y su revelación en la naturaleza, aprender cuál es su voluntad y [4] compartir su amor con los demás. Quien guarda e! sábado por amor a Dios, realiza una preparación esmerada para recibido con alegría. Toma en serio la puesta del sol y dedica. Junto con su familia, unos momentos para darle la bienvenida al Señor del sábado. No permite que el deseo de hacer algo más antes que oscurezca deje a Cristo esperando ese encuentro especial. Cuando el amor al Señor sustenta la observancia del sábado, los dilemas acerca de cómo guardado se aclaran. Para el verdadero amor, tal como lo describe Pablo (1º Cor. 13:4-8), hacer la voluntad del ser amado es el gran objetivo, aun eso implica un sacrificio personal. Quien está imbuido de este amor, con alegría se abstiene de hacer su propia voluntad (trabajo, estudio, diversión), andar en sus propios caminos (viaje en beneficio propio) y hablar sus propias palabras conversación que aparte la atención de los asuntos espirituales) durante las horas sagradas (Isa. 58:13, 14). El amor a Dios no puede quedar encerrado en el corazón, sino que brota en acciones desinteresadas en favor de otros. El creyente se esfuerza para darlo a conocer a quienes todavía no tienen ese privilegio. Cuando se acerca la puesta del sol, no espera impaciente que termine el sábado, sino que, disfruta de la compañía del Señor hasta el último minuto. [5] La observancia del sábado por amor a Dios tiene un efecto santificador sobre la vida (Eze. 20:12). [6] Al centrar los pensamientos en el Señor, el carácter se va transformando paulatinamente a su imagen (2 Coro 3:18). [7] La influencia de un sábado en comunión con Dios se prolonga a lo largo de la semana.
¿ Por qué guardas e! sábado?

Dos de las tres respuestas son insatisfactorias, porque no hacen justicia al espíritu de la Ley (en un caso), ni a la letra (en el otro). El remedio para la obediencia legalista de la Ley no es una “obediencia light” (una forma disfrazada de desobediencia), sino una obediencia por amor. Es bueno recordar que el sábado fue hecho por causa del hombre. Pero, también es necesario tener presente que Cristo el Señor del Sábado, y no el hombre (Mar. 2:28). El sábado existe para el hombre, pero el hombre no es un fin en sí mismo. La razón de su existencia no se agota en él. El hombre fue “creado para vivir en comunión con Dios, [y] puede encontrar su verdadera vida y su auténtico desarrollo únicamente en esa comunión”. ¿Por qué guardas el sábado? Quizá no sea fácil responder con palabras esta pregunta. Pero la forma en que viviste el último sábado indudablemente expresa tu respuesta.

Fuente: http://www.coleccionadventista.org/El-Sabado.php

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